viernes, 9 de julio de 2010

3l 3spyritu de DIOS me transfoRm@

                                                                                889


Compartir “Entonces el Espíritu del Señor vendrá sobre ti con poder, y profetizarás con ellos, y serás mudado en otro hombre” I Samuel 10:6.



No puedo decir que este es otro día igual que los demás. No puedo decir que seguiré siendo el mismo de cada día sin ninguna sombra de cambio en mi existencia.



No puedo decir que no hay esperanzas, porque cada día es una oportunidad no solo para vivir, si no para cambiar. No es un cambio humanista enraizado en los propósitos humanos de buena voluntad.







Es un cambio que descansa en el Señor en el poder de su Espíritu. Porque Dios existe es que hay oportunidades para volver a empezar y empezar con los ojos puestos en el autor y consumidor de nuestra fe.



Cuando Saúl fue escogido por Dios como Rey de Israel, el profeta de Dios el día que lo ungió dijo estas solemnes y prometedores palabras: “Entonces el Espíritu del Señor vendrá sobre ti con poder y profetizaras con ellos, y serás mudado en otro hombre”.



Que solemnes palabras. La promesa de que el Espíritu del Señor vendría sobre el con poder. Esta promesa para nosotros variaría un poco, porque ya el Espíritu de Dios ha vendido y mora en nosotros, pero si sigue siendo el Espíritu de poder.



La persona del Espíritu no solo mora en mi y tiene el mismo poder , pero ese Espíritu puede cambiarnos y esta cambiándonos día a día.



No tenemos porque seguir siendo los mismos. Lo que necesitamos es dejarnos moldear por el Espíritu de poder y se transformados así de gloria en gloria, como por el Espíritu del Señor.



Hoy me dejaré moldear por el Espíritu y seré cambiado según el plan y propósito divino. Enfrentaré la vida consciente de queen él soy y seré nueva criatura. Las cosas viejas pasaron y toas son hechas nuevas.



Padre celestial. Lleno de gracia y amor, cuan grande eres tu. Digno de ser grandemente alabado. Tu me hiciste y me has comprado con la preciosa sangre de tu hijo. Hoy te alabo por quien tú eres y por tu gran misericordia.



Hoy se que tu amor, bondad, ternura y cariño me renovará en este día. Espíritu Santo, tú que moras en mi, ilumíname y fortaléceme en mi camino. Transfórmame según el puro afecto de tu voluntad. Haz de mi corazón, un corazón cada día nuevo.



Permite hoy que mi sonrisa, las palabras sinceras y mis hechos puedan tocar a alguien sufriente y ese toque sea la puerta de entrada para que tu Espíritu Santo los renueves a ellos. En el nombre de Jesús.



Amen.

con poco peso



Reflexiones Cristianas










Mientras me preparaba para correr, me costó decidir qué debía ponerme.






Había sol, pero el viento era helado. El cielo estaba claro, pero el pronóstico del tiempo anunciaba lluvia. ¿Una capa o una casaca? El explorador que tengo dentro prevaleció. Me puse ambas cosas.






Tomé mi radiocasete portátil pero no pude decidir qué cinta iba a llevar. ¿Sermón o música? Sí, adivinó; llevé ambas cintas. Para mantenerme en contacto con mis hijos llevé un celular.






Para que nadie me robara el auto, puse las llaves en el bolsillo. Como precaución por si me daba sed, eché unas cuantas monedas también en el bolsillo. Ahora parecía más una mula de carga que un corredor. Había corrido unos ochocientos metros (más o menos media milla) cuando tuve que sacarme la casaca y la escondí en un arbusto.






Esa clase de peso le reduce la velocidad.






Lo que ocurre cuando uno sale a correr vale también para la fe. Dios tiene una gran carrera para que usted la corra. Bajo su cuidado, irá donde nunca ha estado y servirá de un modo que nunca soñó. Pero tiene que deshacerse de todo peso. ¿Cómo podría difundir gracia si está lleno de culpa?






¿Cómo ofrecer consuelo si está desalentado?






¿Cómo puede levantar la carga de otro si sus brazos están cargados con su propia carga?






Por amor a los que ama, aligere su equipaje.






Por amor al Dios que sirve, aligere su equipaje.






Por amor a su propio gozo, aligere su equipaje.






En la vida hay pesos que usted simplemente no puede llevar. Su Señor le pide que baje su carga y confíe en Él. Él es el padre en el lugar donde se reclama el equipaje. Cuando un padre ve a su hijo de cinco años que trata de arrastrar y sacar del carrusel el baúl de la familia, ¿qué dice? El padre dirá a su hijo lo que Dios le dice a usted.






«Deja, hijo mío. Yo lo llevaré».






¿Qué le parece si le tomamos a Dios su palabra en esta oferta? Podríamos encontrarnos más livianos en nuestro viaje.






Digamos de paso que he exagerado mis problemas con el equipaje.






«Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros» (1 Pedro 5.7).